lunes, 26 de enero de 2009

El tiempo es nuestra oportunidad

Ayer me acordé del papel que escribimos un noviembre barato en el que no hacíamos nada de lo que prometíamos hacer. Escribimos un juramento que perdimos en las excusas de la memoria y ayer me di cuenta de que ahora lo sigo a pies juntillas. Prometimos dar nuestro tiempo y dedicación sólo a esas personas que hicieran lo mismo con nosotras. Que tontas fuimos perdiendo el tiempo con esos pasajeros que se suben al tren y bajan a la siguiente estación. Yo me he ahorrado rondas de cañas efímeras y sorbos de café incompletos que da gusto. En cambio, he alargado palabras con mentes amigas que sé que divagarán conmigo hasta donde a mi me gusta: el más allá. Mi memoria estaba cansada de tanta cara prescindible y ha borrado todo lo que pronto crearía polvo, ya se sabe, la limpieza es atractiva. Ya lo dije en alguna parrafada anterior, he aprendido a alejarme en general y quien se queda es quien quiere estar cerca. Y lo mismo he empezado a hacer yo, a acercarme sólo a esas personas que invierten su tiempo en mi atención. Al fin de cuentas, somos un circo de rompecabezas que tenemos que librarnos de nuestro melodrama en el más preciado exterior. Que a nadie se le ocurra llamar a puertas más de dos veces. A la tercera no va la vencida, la tercera es el último cartucho en el que queremos ver una oportunidad. Y créeme, a las oportunidades también les pasa su momento oportuno.

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