jueves, 19 de junio de 2008

Desde el instituto

Ayer cenamos en el Raval a modo de reencuentro. Las amigas del instituto son de esas que te las guardas en el bolsillo para no perderlas. Son cojonudas, te lo digo yo. Son de esas personas que aunque la vida se agite siguen siendo tal cual, te guste o no, son así y punto. Yo soy consciente de que ellas son uno de los ingredientes de mi. No sé si ellas son conscientes de ello. El hecho es que durante años me han hecho ver que hay mucho más aparte de mi mundo y de mi entorno, yo les estoy enormemente agradecida. Sus personalidades son descaradamente verdaderas y la sencillez de su interior las hace fuertes y admirables. Tienen unos valores vitales muy bien asimilados que forman parte de sus identidades. No son copias de nadie, bravo.
Son como duendes terrenales que encuentran la felicidad fácilmente. No es que se conformen con poco, sino que ellas son almas felices de por si. Te lo juro, te das cuenta solo con mirarlas, a ellas y a sus respectivas sonrisas. Esto es genial porque cuando estás al lado de una persona que está bien con ella misma, tú te sientes paradisíacamente fenomenal. Y te tomas una caña más para no acabar la jornada. Y hablar de juegos que rompen el hielo y de personas que son tu amarillo. Y te fumas otro piti para decirle que no es creativa pero si admirable, que lo prefiero, al fin y al cabo. Y apuras para pedir la cuenta para que te cuenten que para que te encuentren debes saber donde estás tu mismo. Y al irte no aplaudes porque las besas y las abrazas pero piensas en lo bueno que ha sido verlas otra vez. No nos decimos adiós, ni hasta luego, fíjate, nos reímos hasta el final y nos llamamos cuando nos apetezca, realmente, un encuentro otra vez.

5 comentarios:

Adosvelas dijo...

Interesant. M'agrada aquet text. I que sempre donguis la cara.
Petonet!

Anónimo dijo...

Si fós creativa et diria amb paraules boniques que comparteixo i entenc tot el que dius en aquest text, que sóc molt conscient de l'important que sou vosaltres per mi i que moltes gràcies perquè llegir això m'ha fet molt feliç!
Muaa!

spence dijo...

buf, yo quiero que mis a compañeros de instituto les atropelle un autobús. si es el 27 mejor...
y me sucede al contrario, siempre que me encuentro con alguien que se siente realmente bien, me siento yo realmente mierda.
pero eso también me gusta.
como tu texto.
(y tu pelo)

saludoss

The sea, the sky, the dust dijo...

Qué tierno, a mi me encanta encontrarme a viejos amigos del instituto y que me cuenten que están en libertad condicional o que me pregunten si tengo caballo a mano.
Pero lo más gratificante es hablar de las almorranas que tenemos, igual que las chicas tienen la regla a la vez, los chicos tenemos almorrandas.

El autobús 27 es un buen número para que aplaste los sesos de tus mejores excompañeros, pero yo me decanto por l bus turístico, y si puedo elegir lugar, que sea en Paseo de Grácia y que los japos se lanzen a hacer fotos.

Tu pelo...es pantene? ya te lo lavas a menudo?

The sea, the sky, the dust dijo...

perdón, no son almorrandas, son almorranas, si, dolor de ojete.